El pasado a unas cuadras

Todo el día he pensado… no, he soñado con comprarle a mi mamá la casa donde vivíamos hace unos años. Es una casa sencilla, vieja, de un solo piso. 3 recámaras y un solo baño. No es grande, de hecho es bastante pequeña pero creo que es la casa donde hemos sido más felices.


Cuando nos quitaron la casa anterior, la que mi mamá había comprado, anduvimos de nómadas unas semanas. En las tardes nos salíamos en el carro de mi hermano a ver qué casa tenía un letrero de “se renta”. Buscamos en colonias en las que no habíamos vivido, en un municipio diferente, desesperados por olvidar todo lo que había pasado: mi papá, su enfermedad, su muerte, perder el negocio y la casa.

Un día pasamos frente de esta casa y nos enamoramos. No necesitábamos nada más. Estábamos los 3 juntos, en una casa nueva, limpia y blanca, y así vivimos varios años, hasta que mi hermano y yo nos quisimos independizar. Yo me fui a vivir con mi novio y mi hermano vivió solo un tiempo.


En esa casa hice fiestas, recibí a mis amigos cuando salíamos del trabajo, ahí regresaba de madrugada con los pies doloridos de tanto bailar y el alma alegre. En esa casa pasé innumerables horas con Ada, hablando de la vida mientras fumábamos sentadas en los escalones del frente y con Rangel, mi amigo de la prepa, quien murió de un infarto hace unos años.


Y hoy he pensado que quiero comprarle esa casa a mi mamá. No una casa, ESA casa, por que pasamos tantas cosas tan buenas ahí que dan ganas de regresar, como si el pasado fuera un lugar adonde puedes llegar después de recorrer unas cuadras.